Struggling for Truth in a mad world

Fragmentos de “Unconscious Civilization de John Ralston (aplicado a ISKCON)

Muchos se sorprenden de que la gestión del GBC siga en un momento en que la sociedad en su conjunto está claramente bloqueada por una crisis de liderazgo a largo plazo.

No hay razón para sorprenderse. La reacción de las élites sofisticadas cuando se enfrentan a su propio fracaso dirigiendo a la sociedad es casi siempre el mismo: se ponen a construir un muro entre ellos y la realidad mediante la creación de un sentido artificial de bienestar en el interior.

Las palabras de Mussolini se pueden aplicar a su pensamiento: “La libertad estaba bien para hombres de las cavernas, pero la civilización significó una disminución progresiva de la libertad personal”.

Los GBCs han creado una sociedad conformista.

Luchamos con la antigua cuestión de si obedecer a un superior aún cuando la orden sea injusta.

Casi todos son empleados de esta especie de empresa, pública o privada y la obligación principal es la lealtad a la corporación.

Donde está la mayoría está la seguridad, eso es lo que muchos creen. Por supuesto no es cierto.

Se supone que los devotos de base no puede saber lo suficiente como para entender y no vale la pena el esfuerzo de explicarles las cosas.

El corporativismo es antidemocrático y no posee rumbo.

Vivimos un esado de anorexia corporativa, cuando no funciona algo se corta, pero no se puede reducir eternamente; los cortes no pueden producir el crecimiento y la prosperidad.

Se basa en algo así como que el sufrimiento es necesario para pagar por nuestros pecados. Ese postulado judeo-cristiano se reformula para legitimar el proceso de corte.

Los fracasos de ésta élite de dirigir con eficacia los llevan más a los brazos de su ideología, donde todo es inevitable.

Lo que se necesita no son los recortes, sino la consolidación de los años de crecimiento, y un incremento en los servicios.

Esta capacidad de detenerse periódicamente a reexaminar y consolidar el progreso es fácil si las personas son capaces de enfrentarse a los problemas de una manera tranquila a través de una visión de conjunto, pero el ambiente corporativo hace que esto sea casi imposible.

La innovación más importante que se necesita hoy es una mirada tranquila a los efectos generales de lo que hemos logrado y como lo hemos logrado, seguido de intentos serios de consolidación positiva.

La descentralización del poder burocrático, bajar a los niveles regional y local, donde los devotos de base pueden tener una relación humana con una más modesta agrupación de burócratas, y pueda tener un impacto real en la naturaleza de los programas.

Y ya tenemos un modelo que funcionó en los primeros años. Se trata de recuperarlo.

El GBC se encuentra en una crisis a largo plazo porque reciben menos apoyo de los templos que están ocupados uno contra el otro.

Pero no se les puede culpar si no sabemos organizarnos.

Ahora bien, el GBC debe entregar la organización de los programas esenciales al nivel regional para conseguir una mayor democracia y fluidez.

“Necesidad” es la excusa para cada violación de la libertad humana. Es el argumento de los tiranos, es el credo de los esclavos. El sistema nos dice que el sistema democrático ya no es pertinente, sólo es decisiva la actuación de las élites.

La democracia es la naturaleza de la legitimidad y la ubicación del repositorio de la legitimidad-los devotos-son capaces de sentirse parte del movimiento de prédica.

Estamos teniendo grandes dificultades para ejercitar el poder de la legitimidad, incluso en esta cuestiones tan evidentes. Se necesitan permisos para predicar y la maquinaria burocrática los ahoga casi antes de que se manifiesten.

Srila Prabhupada nos ha confiado a todos el poder del avance en Conciencia de Krishna. Estamos entregando el poder a la élite, y pagamos las consecuencias.

La gestión tecnocrática está funcionando en las estructuras de gestión de gran volumen. Ese es el monopolio centralizado.

Desde el punto de vista de la élite, los problemas de ISKCON son los problemas de los demás.

Ellos tienen el poder sin responsabilidad, que es una forma básica de ignorancia e impiden en la práctica las actividades básicas de nuestro movimiento. Se reducen al argumento lineal detallado basado en una visión fija.

Quienes tienen el poder de forma pasiva, seguros de sí mismos, esperan, para beneficiarse de lo inevitable. Sin hacer un esfuerzo inteligente, nada ocurre y eso confirma su teoría de que inevitablemente nos espera el fracaso.

Los dirigentes en el poder son cada vez más cómicos. Su lenguaje se convierte en parodia, incluso carece de sentido. Dirán que ISKCON está experimentando un crecimiento realmente fuerte y luego en el mismo párrafo añaden que tiene serios problemas. Bueno, ¿en que quedamos?

Ese es el camino del catolicismo medieval (inquisición). Dicen que Dios es fuerte, buena y amable y por lo tanto, tenemos que sufrir.

Y los pocos que se oponen a las política pasiva de los tecnócratas, tienden a caer en una visión compleja y conspirativa de ISKCON.

Pero no hay necesidad de una conspiración: su lógica es pública y evidente. Una conspiración compleja a largo plazo, requiere de lideres conscientes. Pensar que los tecnócratas tienen esa capacidad, es dar crédito a las ilusiones que albergan de sí mismos.

Utilizan el culpar a los devotos de perezosos, incompetentes, etc. Con la filosofía (perezoso en Kali Yuga, etc), pero pasan por alto su gestión mucho menos competente.

Se guían por la eficiencia que es un término arbitrario negativo, y obstruyen la eficacia que funciona sobre el contenido y los resultados.

Los tecnócratas le tienen miedo a: el riesgo, el pensamiento, la duda, la admisión del error, la innovación de técnicas de prédica, inversión a largo plazo, el compromiso con los lugares concretos.

¿Qué vamos a hacer con estos dirigentes que han tenido un control casi absoluto de ISKCON más de 30 años, de los cuales 25 han estado marcados por la crisis general.

¿Jugaron un papel importante en el bloqueo?

Ciertamente, no han logrado producir una recuperación.

Stalin demostró que la mejor manera de ejercer el poder era a través del control de las personas. Esto le permitía promover a sus aliados, sin referencia a logros reales.

Ahora estamos tratando de mejorar con la noción de títulos brahmínicos, títulos universitarios y programas educativos.

Después de más de dos décadas de estar al mando, los exponentes de estas teorías no tiene resultados que mostrar. Se concentran en todos los detalles pendientes para probar su punto.

Sólo en una severa crisis el grupo de élite permitirá a los templos hacer su trabajo.

Los tecnócratas a menudo se basan en la tecnología ya que los objetos inanimados pueden tener en una trayectoria propia para esconder la incapacidad de los gerentes de asumir el liderazgo.

Yo diría que estamos en una necesidad desesperada de reformulación de las bases de nuestro movimiento.

Nuestra sociedad clasifica la fiesta de domingo como un costo. Asi como el bhoga y los gastos mínimos de los devotos de base. Por otro lado, un coche, una computadora, los constantes viajes y gastos extra de las autoridades son activos que debe financiar la maltrecha economía de los templos.

Estos conceptos de los activos y pasivos de los bienes frente a los gastos tiene un efecto negativo sobre la realidad de los templos.

La más probable es que el valor está en cosas que no son de interés directo: en otras palabras, tenemos que recompensar a aquellas cosas que la sociedad considere útil.

En nuestras élites, no hay ningún deseo de iniciar los cambios que introducen el concepto de responsabilidad en el del poder. Sólo un compromiso público persistente de los devotos de base podría llevar esto a cabo.

Los autoritarios dicen que para que la población no se salga de control debe mantenerse atemorizada con algún tipo de autoridad. Y el miedo al castigo es la mejor forma de control.

La crítica es la única herramienta de ayuda que tenemos. Divulga nuestras deficiencias y al mismo tiempo nos despierta el deseo de una mejoría.

La crítica constructiva es tal vez el arma primaria de los devotos en el ejercicio de su legitimidad.

Es por eso que en esta sociedad corporativa, el conformismo, la lealtad y el silencio son tan admirados y premiados.

Y la razón de por qué la crítica es tan castigada y marginada.

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